Fue alcaldesa de María de Huerva durante 12 años (entre 2007 y 2019), ¿fue un buen aprendizaje para dar el salto a la política autonómica?
Sin ninguna duda. Siempre he dicho que la política municipal es la mejor escuela que puede tener cualquier servidor público. Es la administración más cercana a los ciudadanos, donde conoces de primera mano sus preocupaciones, sus necesidades y también sus ilusiones.
Ser alcaldesa me permitió estar en contacto directo con los vecinos cada día y comprender que detrás de cada decisión política hay personas concretas cuya vida puede mejorar gracias a una buena gestión. Además, en el ámbito municipal se percibe de manera muy rápida el impacto de las decisiones que se adoptan, porque los resultados son visibles en la vida cotidiana de la gente.
Durante aquellos doce años aprendí algo fundamental: que la política tiene sentido cuando sirve para resolver problemas, generar oportunidades y mejorar el día a día de los ciudadanos. Esa experiencia me ha acompañado siempre y ha sido una base extraordinaria para asumir responsabilidades en la política autonómica, sin perder nunca la perspectiva de para quién trabajamos y cuál debe ser nuestro objetivo: mejorar la vida de las personas.
Ahora es uno de los cargos fuertes del Gobierno aragonés como vicepresidenta y Consejera de Presidencia, Justicia y Cultura del Gobierno de Aragón, ¿qué retos se plantea en este momento en el área de Justicia en esta nueva etapa del Ejecutivo?
La implantación de la nueva Oficina Judicial ha supuesto uno de los mayores retos afrontados por la Administración de Justicia en los últimos años. Se trata de una reforma de gran calado que transforma la organización de los juzgados y la forma de prestar un servicio esencial para los ciudadanos. Sin embargo, una transformación de esta magnitud requería de una mayor planificación, más diálogo con los profesionales implicados y, sobre todo, una financiación adecuada por parte del Gobierno de España, que no ha estado a la altura de las necesidades generadas por este proceso.
Desde el Gobierno de Aragón hemos trabajado para que esta transición se desarrollara con las máximas garantías posibles, acompañando a jueces, fiscales, letrados, funcionarios y operadores jurídicos en una etapa especialmente compleja. Una vez culminada su implantación, el objetivo debe ser corregir las disfunciones detectadas, escuchar a los profesionales y adoptar las medidas necesarias para consolidar un modelo más eficiente, ágil y cercano a los ciudadanos.
En paralelo, afrontamos una nueva etapa en la que la modernización tecnológica de la Justicia debe convertirse en una prioridad. La digitalización, la simplificación de procedimientos y la incorporación de nuevas herramientas tecnológicas no son una opción, sino una necesidad para ofrecer una Justicia más accesible, eficaz y adaptada a las demandas del siglo XXI.