Alfredo Sánchez-Rubio
Decano del Real e Ilustre Colegio de Abogados de Zaragoza

Creo que este número de la revista tiene un hilo conductor bastante claro: el momento de transformación que está viviendo la abogacía. La Justicia está inmersa en reformas organizativas y tecnológicas de enorme calado y nuestra profesión está llamada a redefinir su papel sin perder aquello que la hace reconocible desde hace siglos.

Convivimos con cambios normativos que nos exigen una actualización permanente. La regularización extraordinaria de personas extranjeras, el nuevo protagonismo de los MASC, las novedades jurisprudenciales o las implicaciones fiscales del valor de referencia catastral son ejemplos de una realidad jurídica cada vez más dinámica y compleja. En este contexto, la formación continua deja de ser una opción para convertirse en una exigencia inherente al ejercicio profesional.

Asistimos también a una profunda transformación tecnológica. Nuestra participación en el certamen The Wave y la celebración del primer Hackathon Legal de nuestro Colegio han demostrado que la abogacía no va a remolque, sino que puede y debe participar activamente en los cambios tecnológicos que vienen. Los abogados conocemos el Derecho, comprendemos los problemas reales de ciudadanos y empresas y estamos en una posición privilegiada para aportar soluciones útiles y responsables.

Este número recoge además una conversación especialmente relevante con Mar Vaquero, Vicepresidenta y Consejera de Presidencia, Justicia y Cultura del Gobierno de Aragón. Como compañera colegiada del ReICAZ, comparte con nosotros su visión sobre algunos de los principales desafíos que afronta hoy la Administración de Justicia: la implantación de los tribunales de instancia, la modernización tecnológica o la mejora de la Justicia Gratuita. El diálogo institucional, desde la cercanía y el respeto mutuo, resulta imprescindible para construir respuestas eficaces a los problemas que nos acucian.

Pero una corporación profesional no vive solo de normas, reformas o debates técnicos. También se fortalece a través de los espacios de convivencia que refuerzan el sentimiento de pertenencia y transmiten una determinada manera de entender la profesión. Las celebraciones de San Ivo, la peregrinación a Tréguier, el encuentro con el Presidente de la Abogacía Española o iniciativas culturales como el ciclo de cine penitenciario nos recuerdan que detrás de cada toga hay personas que comparten inquietudes, experiencias y valores.

Vivimos tiempos exigentes. A menudo se nos pide rapidez, disponibilidad permanente y respuestas inmediatas a problemas cada vez más sofisticados. Quizá por eso conviene reivindicar algunas certezas: que el conocimiento sigue siendo nuestra mejor herramienta; que la independencia y la deontología continúan siendo irrenunciables; y que la capacidad de adaptación nunca debe confundirse con la renuncia a nuestra esencia.

La abogacía ha sabido atravesar siglos de cambios políticos, sociales y tecnológicos porque ha entendido que su verdadera fortaleza reside en combinar tradición e innovación, experiencia y aprendizaje, prudencia y capacidad de anticipación.

Estoy convencido de que estaremos a la altura del tiempo que nos ha tocado ejercer.

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Alfredo Sánchez-Rubio

Espero que disfrutéis de este nuevo número de la revista y que encontréis en sus páginas información útil, recuerdos memorables y motivos para sentir el legítimo orgullo de pertenecer a una profesión imprescindible.