Ciclo de Cine Jurídico:
Prisión de cine
Texto: José Luis Artero Felipe. Abogado REICAZ. Crítico de cine

En el último número de la edición digital de la revista “Standum est chartae” anunciábamos el inicio de un nuevo ciclo de cine jurídico, en esta ocasión dedicado a “Prisiones de Cine” estudiando como el Séptimo Arte, ha abordado el denominado “género carcelario”, así como las diferentes tramas y diversas problemáticas que plantea.

Las tres sesiones se celebraron los días 17 de octubre y 25 de noviembre de 2025 y el pasado 16 de enero. Como viene siendo habitual, al final de cada uno de los largometrajes, se dio paso al habitual coloquio entre los numerosos asistentes y los invitados, a quienes expresamente transmito mi agradecimiento por su presencia y sus interesantes aportaciones. Las películas elegidas y los ponentes de las mismas fueron los siguientes:

1ª Sesión: 17 de octubre 2025. “El Expreso de Medianoche” (Midnight Express), Alan Parker, (1978)
Fotograma Expreso de Medianoche

Se trata de una de las películas paradigmáticas en lo que al cine “carcelario” se refiere, basada en la historia real de Billy Hays (interpretado por Brad Davis), un joven norteamericano de clase media que en 1970 es arrestado en el aeropuerto de Estambul en posesión de una gran cantidad de droga (hachís) que lleva adherida a su cuerpo con cinta aislante.

El tráfico de estupefacientes era (y es) uno de los delitos más perseguidos y castigados en Turquía; el protagonista es inicialmente condenado a cumplir cuatro años de cárcel, pena que, con posterioridad, en apelación, se eleva a los 30 años (ya que el Tribunal Supremo de Ankara le declara culpable de contrabando, buscando una sanción ejemplarizante). Su padre se traslada al país euroasiático, para contratar un buen abogado y procurar la excarcelación de Billy, pero se encuentra con grandes dificultades debido a las tensas relaciones existentes en aquel entonces con el gobierno del Presidente Richard Nixon.

El largometraje nos muestra de forma cruda (y en ocasiones algo efectista), la impotencia, desesperación, locura, y alienación (el protagonista termina en la sección para pacientes psiquiátricos) que pueden tener lugar en un microcosmos como es cualquier prisión, en la que podemos encontrar personajes arquetípicos (el delator o chivato, el guardia sádico, el recluso injustamente condenado, etc…). Llama la atención que los internos no se encuentran confinados en celdas individuales, sino en amplios pabellones, pero siempre controlados y vigilados por una especie de viscoso funcionario que en realidad es un delator al servicio de los guardias, etc. Este y otros aspectos fueron destacados por nuestra compañera, Dña. Elena Castellot, Presidenta de la Sección de Derecho Penitenciario del ReICAZ.

Asimismo, el durísimo y cruel régimen carcelario (en el que impunemente tienen lugar palizas, torturas y vejaciones de todo tipo, en que los “funcionarios” de las prisiones son dueños de la vida, la muerte y la hacienda de los internos), corre en paralelo a la sistemática vulneración de los derechos humanos, en particular en las décadas pasadas, unido como decíamos, a la severidad de las penas por tráfico de estupefacientes, unido a los sobornos a funcionarios, la corrupción judicial y la falta de garantías jurídicas y procesales, que con respecto a Turquía hemos visto también en otras producciones como “Haman, el baño turco” (1997), que contribuyeron a crear cierto prejuicio y una mala publicidad contra el citado país.

Fue candidata nada menos que a 6 Oscar (incluidos mejor película, director, montaje, actor de reparto…), siendo galardonada con los correspondientes a mejor banda sonora, para el italiano Giorgio Moroder (compositor, cantante, productor y DJ, que repetiría en 1984 por Flashdance y 1987 por “Top Gun”, en ambos casos por mejor canción original), y a mejor guion adaptado (sobre la biografía escrita por el propio Hays, con algunas claras licencias), que ganó Oliver Stone (director, guionista y productor de grandes éxitos como “Platoon” (1986), “Nacido el 4 de julio” (1989) por los que el realizador norteamericano obtendría otras dos estatuillas como mejor director).

Además de los citados Moroder y Stone, “montaron” en “El expreso” otros nombres ilustres del cine, como el director Alan Parker (con una filmografía, cuando menos inquietante, que incluye títulos como “The Wall” (1982), “El corazón del ángel” (1987) o “La vida de David Gale” (2003), un feroz alegato contra la pena de muerte. Encontramos también al actor John Hurt (uno de los pasajeros de la nave Nostromo en “Alien” (1979).

Mención especial merece el protagonista, Brad Davis, inmenso, en auténtico estado de gracia durante toda la película, pero que no legó una filmografía a la altura de su enorme talento al fallecer prematuramente a los 41 años (en circunstancias nunca aclaradas por completo asociadas al parecer, con el consumo de drogas y como consecuencia de un “suicidio asistido”).

La película nos demuestra que, en ocasiones, la verdad (que a menudo no tiene nada que ver con lo que se demuestra o se establece en un juicio) es como una manta que nunca te tapa del todo y siempre te deja los pies fríos.

2ª Sesión: 25 de noviembre 2025. “Cadena Perpetua” (The Shawshanck Redemption), Frank Darabont (1994)

En este caso, el título de la película nos remite al régimen carcelario del protagonista y a la pena a la que ha sido condenado por un delito que, según parece, no ha cometido (en lo que nos remite a otro de los tópicos del cine de prisiones, el falso culpable). Andrew (Andy) Dufresne (Tim Robbins) es encarcelado por el asesinato de su mujer, en lo que parece un crimen pasional. Ingresa en la prisión de “Shawshank”, de ahí el título original de la película.

Allí conocerá a Red (Morgan Freeman), una especie de “conseguidor” dentro de la prisión, una capo de poca monta, pero en el fondo de buen corazón, quien por el precio correspondiente (descontada “mi comisión”) proporciona a los internos todo tipo de productos y comodidades (tabaco, ropa, e incluso un póster de Rita Hayworth, que al final tendrá una gran trascendencia, etc.).

Dufresne, de quien sabemos era director de un banco de Portland, utilizando sus conocimientos fiscales y de contabilidad, se ganará la confianza de los guardias y del corrupto alcaide (otro clásico), a quienes confecciona sus declaraciones de la renta, descubriendo finalmente un caso de corrupción (que incluye asesinatos por encargo), que nos conducirá hasta un magnífico e inesperado desenlace. Sin ánimo de hacer spoiler, se trata del plan para la fuga de la Penitenciaria, otra trama imprescindible en cine de prisiones, como por ejemplo en “La Gran Evasión” (John Sturges, 1963), si bien es cierto que, en este caso, se trata de un campo de concentración nazi.

A mi juicio, lo más destacable de la película, es que incide en la amistad entre los protagonistas (Robbins y Freeman), dos personajes absolutamente antagónicos en un principio (por raza, educación, nivel socio – económico, etc.), que se aprecian y se respetan, y nos brindan sendas interpretaciones antológicas. Cabe destacar lo importantes que resultan los pequeños detalles, las modestas conquistas o concesiones (como la apertura de la biblioteca con la recepción de una partida de libros y discos) que permiten mantener la dignidad y la esperanza de los internos, aunque después de larguísimas condenas estén ya “institucionalizados”, puesto que algunos de ellos son conscientes que ya nunca van a abandonar la cárcel, puesto que se les niega sistemáticamente la libertad condicional.

Sin embargo, “Cadena perpetua” también plantea la dificultad de la reinserción a la salida de la prisión, los prejuicios existentes sobre los reclusos (en particular en Estados Unidos y en la época en que se desarrolla la trama, 1947), así como temas más incómodos como las “familias” y “bandas” dentro del Centro Penitenciario, o directamente escabrosos como las agresiones sexuales entre presos. Se trata de una película por la que el ponente D. Felipe Zazurca, Fiscal Jefe de Zaragoza, manifestó tener una “particular querencia”.

Fue candidata a 7 Oscar, pero inexplicablemente no ganó ninguno, quizá por haber coincidido en aquel año (1994) con una obra maestra como “Forrest Gump” (Robert Zemeckis) y un clásico instantáneo como fue “Pulp Fiction” (Quentin Tarantino). Esa circunstancia, al igual que su excesivo metraje, influyeron en que la recaudación en Estados Unidos fuera muy modesta (unos 16 millones de dólares frente a los 25 de presupuesto, pero que consiguió recuperar finalmente en su reestreno).

No obstante, la película cuenta con un magnífico guion adaptado sobre un relato corto de Stephen King, y una firme dirección a cargo del estadounidense Frank Darabont, quien repetiría en el género carcelario con “La milla verde” (1999), otra maravillosa película basada en una novela del prolífico escritor norteamericano, especializado en el terror y el misterio.

3ª Sesión: 16 enero 2026. “Sin remisión” (Caged), John Cromwell (1950)

El interés de “Sin remisión” es doble; en primer lugar se trata de una película que pertenece al denominado “cine clásico” y, dentro de éste, al “cine negro”, (época y género a los que se refirió con detalle el magistrado D. Luis Alberto Cil – Nogueras). Por otra parte, presenta la particularidad de que se desarrolla en una cárcel destinada a mujeres; de hecho, son muy pocos los filmes que han abordado este tema: podemos citar “Prisión de mujeres” y “Cárcel de mujeres” curiosamente dos producciones mexicanas rodadas en 1951, protagonizada esta última por nuestra Sara Montiel.

Encontramos otro título de 1982, también titulado “Cárcel de mujeres” en que una mujer es engañada por su pareja, para transportar drogas. Esta trama conecta con “Sin remisión” (en su título original “Caged”, literalmente “enjaulada” o “encerrada”), en que una joven de 19 años, recién casada, Marie Allen (Eleanor Parker) ingresa en la cárcel acusada de “participar” en un atraco a una gasolinera en el que fallece su marido durante un tiroteo.

En la Prisión del Estado descubrirá que está embarazada, con las implicaciones que plantea tener a su hijo dentro de un centro penitenciario (en el coloquio se incidió precisamente en el tema de las “madres reclusas” y de la falta de medios y asistencia, así como de la custodia de los hijos nacidos en esa situación).

Como explicó el ponente, la película se construye sobre dos polos completamente opuestos: la “superintendente” del Centro, Ruth Benton, (Agnes Morehead) quien defiende en todo momento a sus “chicas” y cree firmemente en la reinserción y en la educación de las internas. Propone unos nuevos métodos, ”otra forma de hacer las cosas” que no se base simplemente en el miedo y la represión. Pero tiene que enfrentarse con un sistema retrógrado, dirigido por hombres, con una burocracia estricta e insensible.

Por otra parte, la “guardia” o “matrona” encarnada por Evelyn Harper (Hope Emerson), cruel y despiadada, quien se beneficia de un sistema corrupto y a quien solo interesan las reclusas en la medida que representan medios para conseguir sus fines, y que es la encargada de proporcionarles perfume, cigarrillos, etc… a cambio de la correspondiente “mordida”. Como en tantas ocasiones, esa situación que convierte la cárcel en una “olla a presión” termina estallando, produciéndose un violento motín. A este respecto podemos remitirnos a la producción española “Celda 211” (Daniel Monzón, 2009).

En “Sin remisión” vamos a presenciar de nuevo esa desesperación que conduce a la locura y con ella al suicidio (planteando de nuevo la necesidad del tratamiento psicológico y psiquiátrico), y la equiparación entre la cárcel con una “universidad del crimen” en la que no es posible la reinserción, la “remisión”; así una persona que da un mal paso en su vida, como sucede con Marie Allen, ingresa en prisión en donde tiene que adaptarse para sobrevivir; la chiquilla ingenua que ingresa en el centro penitenciario, abuso tras abuso, se convierte en una profesional del delito que ya tiene preparados su banda y sus golpes para cuando “consiga salir”. “Por cuatro dólares he recibido una magnífica formación” afirma la protagonista de forma cínica.

La película fue dirigida por John Cromwell (también actor de cine y televisión) y protagonizada por Eleanor Parker (en detrimento de Bette Davis; que era la primera opción de los productores), espléndida (en todos los sentidos de la expresión), quien obtendría su primera nominación al Oscar por este papel, llegando a convertirse en un auténtico icono del Hollywood de los grandes Estudios, aunque sin embargo se le resistió la estatuilla. En su filmografía dejó títulos imprescindibles como “Brigada 21” (William Wyler, 1951), “Sonrisas y Lágrimas” (Robert Wise, 1951), “Cuando ruge la marabunta” (Byron Haskin, 1954), etc.