La lenta fuerza del Derecho

Texto: José Manuel Aspas y Aspas. Abogado

Algunas juristas cambian el Derecho. Muy pocas transforman también la manera en que una sociedad entiende la igualdad. Ruth Bader Ginsburg (1933–2020) fue una de ellas. Su influencia trascendió las sentencias para convertirse en cultura cívica. Hay juristas cuya influencia se mide en páginas de jurisprudencia. Otras dejan su huella en la cultura pública de un país. Ginsburg pertenece claramente a esta segunda categoría. Para el público español su nombre puede resultar relativamente reciente, pero en Estados Unidos fue durante décadas una de las figuras más influyentes del Tribunal Supremo y un símbolo duradero de la lucha jurídica por la igualdad ante la ley.

Nacida en Brooklyn en 1933, Ginsburg llegó al Derecho en una época en la que el mundo jurídico norteamericano estaba abrumadoramente dominado por hombres. En la Facultad de Derecho de Harvard fue una de las pocas mujeres de su promoción. A pesar de terminar sus estudios con resultados brillantes —que completaría después en Columbia— encontró dificultades para acceder a puestos académicos o judiciales que muchos de sus compañeros varones obtenían con relativa facilidad.

Aquella experiencia reforzó su convicción de que el propio Derecho podía convertirse en una herramienta eficaz para desmontar desigualdades arraigadas. La igualdad no debía limitarse a una declaración abstracta: debía examinar también las normas y costumbres que la impedían en la práctica. Antes de llegar al Tribunal Supremo fue sobre todo una abogada estratégica. En los años setenta trabajó con la American Civil Liberties Union impulsando litigios cuidadosamente escogidos para cuestionar la discriminación legal por razón de sexo. Su método era sencillo y eficaz: demostrar ante los tribunales que muchas normas aparentemente neutras perpetuaban en realidad una desigualdad estructural.

Con paciencia argumentativa fue construyendo una doctrina constitucional que exigía aplicar el principio de igualdad con la misma intensidad a hombres y mujeres. Aquella estrategia jurídica, basada en casos cuidadosamente seleccionados y en razonamientos acumulativos, acabaría transformando la interpretación constitucional estadounidense en materia de igualdad y ampliando el alcance práctico del principio de no discriminación.

En 1993 el presidente Bill Clinton la nombró jueza asociada del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Desde esa posición desarrolló un estilo jurídico reconocible: razonamiento meticuloso, sobriedad institucional y respeto por el papel del tribunal en el sistema constitucional. Sus sentencias rara vez buscaban el brillo retórico; aspiraban más bien a consolidar principios duraderos dentro de la interpretación de la Constitución.

La historia de sus primeros litigios llegó además al gran público con la película de 2018, dirigida por Miriam “Mimi” Leder, On the Basis of Sex, estrenada en España con el título Una cuestión de género. El filme recrea uno de los casos (Moritz v. Commissioner, 1972) con los que Ginsburg comenzó a desmontar jurídicamente normas basadas en estereotipos sobre el papel social de hombres y mujeres. Con el paso de los años la magistrada se convirtió también en un fenómeno cultural inesperado. Estudiantes y jóvenes juristas empezaron a referirse a ella con el apodo “Notorious RBG”, inspirado en el rapero “The Notorious B.I.G”. El sobrenombre reflejaba la admiración que despertaban sus firmes opiniones disidentes.

Quien desee conocer mejor su obra puede acudir a My Own Words (2016), recopilación de discursos y escritos editada por Mary Hartnett y Wendy W. Williams y a la completa biografía Ruth Bader Ginsburg: A Life (2018), de la historiadora Jane Shewrron De Hart. Ambos libros permiten comprender a la jurista y el contexto intelectual y político en el que desarrolló su carrera.

Vista desde Europa, su trayectoria ayuda a vislumbrar una característica esencial del constitucionalismo norteamericano: la enorme capacidad del Tribunal Supremo para moldear la vida social mediante la interpretación de la Constitución. Pero también recuerda algo más universal: que detrás de cada avance jurídico suelen encontrarse juristas pacientes, capaces de ampliar, paso a paso, el espacio de la libertad.

Ruth Bader Ginsburg entendió esa lógica mejor que nadie. No buscó el protagonismo ni la retórica grandilocuente. Prefirió el trabajo silencioso del argumento jurídico y la paciencia del litigio bien construido.

Sabía que el Derecho no cambia el mundo de golpe. Lo cambia lentamente. Caso a caso. Argumento a argumento. Y cuando eso ocurre, la igualdad deja de ser una promesa y se convierte en ley.

El Derecho, aplicado con rigor y perseverancia institucional, puede transformar la igualdad formal en igualdad real dentro de una democracia.

Referencias

Moritz v. Commissioner, 469 F.2d 466, U.S. Court of Appeals for the Tenth Circuit, 1972. Se declara inconstitucional la exclusión de hombres solteros de la deducción fiscal por cuidado de dependientes prevista en el Internal Revenue Code.

Wulf, Melvin L., and Ginsburg, Ruth Bader. Brief for the Appellant, Charles E. Moritz. Moritz v. Commissioner of Internal Revenue, No. 71-1537, United States Court of Appeals for the Tenth Circuit, 1971.

Carmon, Irin, and Knizhnik, Shana (2015). Notorious RBG: The Life and Times of Ruth Bader Ginsburg. New York: Harper Collins.

Ginsburg, Ruth Bader (2016). My Own Words. New York: Simon & Schuster.

Levy, Debbie (2016). I Dissent: Ruth Bader Ginsburg Makes Her Mark. New York: Simon & Schuster.

De Hart, J. S. (2018). Ruth Bader Ginsburg: A life. New York, NY: Alfred A. Knopf.