En este contexto, el Instituto de Mediación del Real e Ilustre Colegio de Abogados de Zaragoza (IMREICAZ) impulsa, de manera decidida, la formación de los letrados en los Métodos Adecuados de Solución de Controversias (MASC), consciente de que la abogacía exige no solo conocimiento técnico, sino también habilidades orientadas a la gestión constructiva del conflicto. Con ese propósito, el pasado mes de mayo se celebraron unas jornadas sobre la Ley de eficiencia y mediación, que sirvieron como espacio de reflexión entre profesionales.
Durante las mismas, se compartieron experiencias, se analizaron buenas prácticas y se reforzaron mecanismos dirigidos a fomentar una cultura basada en el diálogo y el entendimiento. Ese tipo de iniciativas contribuyen a consolidar un modelo en el que el abogado no se limita a la defensa procesal, sino que se erige también en facilitador de soluciones. Estas apuestas formativas, que se realizan gracias a la Comisión de Formación del Colegio de Abogados, responden a una necesidad técnica, así como a una transformación cultural imprescindible en el ámbito jurídico y social.
La actualidad informativa pone de manifiesto, casi a diario, una tendencia creciente hacia la confrontación, muchas veces canalizada a través de procesos judiciales largos y costosos. Frente a esta realidad, se hace necesario promover un cambio en la manera de abordar los conflictos.
La comparación con otros países de la Unión Europea evidencia que nuestra cultura jurídica sigue estando fuertemente orientada hacia la judicialización de los conflictos. En muchos de estos países, sin renunciar al proceso judicial como garantía última de tutela efectiva, se ha consolidado una cultura del acuerdo más arraigada en la que los mecanismos alternativos se utilizan de forma habitual y temprana. Ello redunda en una menor litigiosidad y en soluciones más satisfactorias para las partes. En España, por el contrario, persiste una cierta inclinación hacia la judicialización que invita a una reflexión colectiva.
Este contraste nos interpela directamente como operadores jurídicos. No se trata de sustituir unos instrumentos por otros, sino de comprender que cada método tiene su momento y su ocasión. El proceso judicial es imprescindible en determinados supuestos, pero no siempre constituye la vía más adecuada ni la más eficiente. La mediación, la negociación y otros métodos alternativos ofrecen espacios donde las partes pueden reconstruir la comunicación, identificar intereses comunes y alcanzar soluciones mutuamente aceptables.