Alfredo Sánchez-Rubio
Decano del Real e Ilustre Colegio de Abogados de Zaragoza

Este nuevo número de la revista del Colegio es, en realidad, una fotografía bastante fiel del momento que vive la abogacía: una profesión asentada en sólidos fundamentos, pero en plena transformación en su forma de ejercerse.

Abrimos con una entrevista al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Aragón, Juan José Carbonero, que deja una idea clara: jueces y abogados compartimos una misma responsabilidad en el funcionamiento del Estado de Derecho. No es una relación accesoria, es estructural.

La tribuna abierta combina dos planos distintos y, a la vez, complementarios. Por un lado, el análisis de Daniel Loscertales sobre los arrendamientos urbanos sujetos al Decreto de 1964 nos recuerda que el Derecho también es inercia, que hay realidades jurídicas que perviven durante décadas generando tensiones difíciles de resolver. Por otro, nuestro compañero José Manuel Aspas nos lleva a una reflexión más profunda sobre la “lenta fuerza del Derecho”, encarnada en la figura de Ruth Bader Ginsburg: el cambio jurídico no es inmediato, pero cuando se produce, es duradero.

En las secciones, el Colegio da un paso relevante con la creación de la Sección de Desarrollo Profesional, que introduce una idea clara: no basta con saber Derecho, hay que saber ejercerlo bien y vivirlo mejor. En esa misma línea, se están creando nuevas secciones y revitalizando las inactivas como canal privilegiado de participación colegial, auténtico músculo de la vida del Colegio.

El Foro de Derecho Mercantil consolida un espacio técnico imprescindible, conectado con la práctica diaria del despacho.

El bloque de jurisprudencia y análisis técnico vuelve a situarnos en cuestiones muy actuales. Desde la clarificación del Tribunal Supremo sobre la estafa informática en compras online, reafirmando la vigencia del tipo penal tras la reforma, hasta el debate sobre el valor de referencia catastral, que sigue generando fricción entre Administración y contribuyentes y convierte la prueba pericial en pieza clave de la defensa. A ello se suma la aportación de Lefebvre, que completa esa mirada práctica.

La vida colegial refleja el pulso de la institución. Desde perfiles como el de Cuca Tena, que muestran que la abogacía también es creatividad y trayectoria personal, hasta iniciativas como el Libro Blanco de Inteligencia Artificial, que nos sitúa ante una transformación que ya no es futura, sino presente, y que exige criterio, responsabilidad y formación. Y, cómo no, espacios de encuentro como el Ryder Abogados vs Economistas, que recuerdan que la profesión también se construye en lo humano.

En la sección cultural, el Colegio vuelve sobre su propia historia y su vínculo con la ciudad. La Medalla de los Sitios no es solo un reconocimiento, es una reafirmación de lo que hemos sido y seguimos siendo en Zaragoza, también de una memoria marcada por episodios como la Guerra de la Independencia, en la que el Colegio sufrió una importante pérdida patrimonial y humana, que forma parte de nuestra historia. Y la figura de Mariano de Ena y Villava nos recuerda que la abogacía y la formación jurídica siempre han estado unidas a una idea más amplia: la de construir ciudadanos críticos y una sociedad mejor. Incluso elementos aparentemente menores, como la historia de la mesa del Salón de Decanato, forman parte de ese hilo de continuidad.

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Alfredo Sánchez-Rubio

En conjunto, este número no pretende ofrecer respuestas cerradas. Invita, más bien, a detenerse un momento y observar hacia dónde va la profesión. Porque, si algo queda claro tras recorrer sus páginas, es que el Derecho sigue siendo el mismo en su esencia, pero la forma de ejercerlo, y de vivirlo, está cambiando.