Revista Reicaz | Estrechos del río Martín
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Estrechos del río Martín

Sagrario Valero

El sábado 20 de mayo el club realizó la excursión a los Estrechos del río Martín, posdatada de fecha anterior, que, por diversas circunstancias, yo no podía responsabilizarme.

Tenía una ilusión enorme en esta excursión. Primero porque, como manifestaba en el VEN Y VERÁS, transcurría por la comarca Andorra Sierra de Arcos, de donde procedo y a la que profeso gran cariño. Segundo porque desde que soy socia me había impuesto la tarea de proponer una ruta por mi entorno, que no será la última, espero. Y tercero porque no solo es que me hiciera gran ilusión, es que casi me urgía la necesidad de compartir con el club la magia y el paisaje de los Estrechos.

Este paraje es la octava y última etapa del sendero del río Martín, sendero catalogado como GR 262, que parte del paraje “El Chorradero” y termina en Albalate del Arzobispo, casi 90 km después. Está declarado como Itinerario Cultural Europeo (CARP) y se ubica en el Parque Cultural del Río Martín.

La idea inicial era incluir la ruta en el paquete de actividades senderistas del Club y permitía diversas configuraciones. Para ello optamos, en principio, por un trazado sencillo, no muy largo, asequible pero resultón, es decir, que tampoco se limitara a dar un paseíto. Y creo que acertamos, a la vista de la acogida.

En efecto, llegado el día nos congregamos veintinueve personas. Había caras nuevas en el club y la grata noticia de contar con David, el chavalín de Javier, con sólo siete años y de Cristina, nueva incorporación, de quince años, entusiasta y simpática. También era noticia la presencia de veteranos socios que, por diversas razones, hacía mucho tiempo que no habían podido venir. En fin, una gozada. Yo, particularmente, feliz de congregar a tanta gente y poder mostrarles los encantos de mi tierra.

Cierto que, además de feliz, estaba un tanto inquieta, no por preocupada, sino porque el personal disfrutara, se lo pasara bien y fuera todo rodado.

Que lo fue. Como todos sabéis las excursiones de mucha gente suelen discurrir un tanto lentas. Que si arrancamos, que si no, que me paro, que se para otro, que esperemos a los de atrás que se han retrasado, etc. Pero en esta ocasión ya el hecho de empezar solo quince minutos después de la hora prevista fue para mi un augurio feliz y esperanzador y la confirmación de mi acierto a la hora de elegir los subcontratistas de la organización, de los que tenía buenas referencias.

Comenzamos con un brevísimo discurso admonitorio de nuestro siempre de todo y de todos pendiente presidente, que nos recordaba, muy sucintamente, las reglas básicas más elementales a seguir en una excursión tan numerosa. A continuación ofició de guía turístico nuestro querido Paco, que a gritos y encaramado en las alturas nos ilustró sobre las características geográficas y antropológicas de la ruta que íbamos a recorrer. Y es que el contenido de la ruta no tiene desperdicio. Junto a su riqueza paisajística y geológica contiene un catálogo de pinturas rupestres prehistóricas declaradas Patrimonio de la Humanidad relativamente extenso que se ubica en las oquedades rocosas colgadas sobre el desfiladero del río.

La ruta transcurre en un sube y baja casi permanente que, aun no siendo exigente, obliga a ir relativamente atento a la senda y a dónde pones los pies, con tramos poco aptos para caminantes con vértigo. Ello no significa de ningún modo que sea inseguro. Los responsables del parque cultural se han preocupado de dotar el recorrido de pasamanos, sirgas y otros elementos de seguridad que facilitan enormemente la progresión y en ningún momento temes algún percance.

La senda, bien delimitada, discurre sobre los cortados rocosos del desfiladero del río Martín. La opción elegida fue una especia de bucle que arrancó del puente del Batán, primero por la margen izquierda y llegar hasta casi la Central Rivera para retornar por la margen derecha siguiendo el sendero de la Canal hasta llegar de nuevo hasta el puente del Batán. Unas cuatro horas aproximadamente.

En todo momento nos acompañó, a nuestros pies, el rumor de las aguas del río, abundantes para esta época del año, aunque un tanto turbias, por recientes tormentas en la sierra, que aquí y allá fluyen con ímpetu y decisión.

El caminar transcurrió con orden, sin prisas y sin pausas. Nos estiramos en una vistosa, colorida y alegre columna senderista, cada uno con lo suyo y con todos a la vez, con tiempo para las fotos, la contemplación del paisaje, la conversación, las bromas y hasta para algún pequeño susto sin consecuencias de reseñar.

Cumplido el objetivo nos encaminamos a los huevos, en el mesón Los Cinco Arcos de Ariño, donde nos dispusieron a la sombra la bebida y el yantar.

Quiero agradecer a todos vuestra presencia y las facilidades que habéis dado para que resultara una jornada feliz y entrañable. A los que os habéis preocupado de estudiar y conducir la ruta. Y también a los fotógrafos, por el magnífico reportaje.

Y a los que no habéis podido venir … ¡Al año que viene organizaré otra! (Espero contar con los mismos subcontratistas).

Un abrazo a todos.