Revista Reicaz | Ibón de Estanés desde Sansanet
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Ibón de Estanés desde Sansanet

Javier Valero.

El sábado 9 de junio, realizamos esta excursión alternativa a la exigentísima Llena de la Garganta. Ello no obstante, la menor exigencia y técnica que conlleva realizar la ruta hasta el Ibón de Estanés se ve compensada por el paisaje y los detalles que a cada paso nos acompañaron durante el camino.

Tras una salida de Zaragoza ligeramente retrasada sobre la hora prevista, achacable sin duda a mi más que discutible sentido de la orientación (José María casi echa raíces esperándome en una parada de autobús… lo siento Jose Mari), nos juntamos en el Bar Lierde de Villanúa siete intrépidos senderistas: José María, Paco y Luisa, Juan Antonio, David, un servidor y en esta ocasión teníamos, además, “chica nueva en la oficina”, la compañera Rosa Egea que además de profesión, en mi caso también es compañera de Promoción de la Facultad. Bienvenida Rosa.

Terminado el café nos dirigimos sin más al parking de Sansanet. Esta excursión ya la realizamos en Febrero del año pasado con raquetas, y lo primero que me sorprendió fue el escaso número de vehículos estacionados en el parking a diferencia de aquella vez, quizá la incierta previsión meteorológica echó para atrás a más de uno, lo cual no deja de ser de agradecer. Nos pusimos las botas (literalmente), cogimos palos y mochilas y comenzamos la ruta con la foto de grupo de rigor.

Se trata de una ruta sencilla de ida y vuelta en la que se atraviesa una primera parte por bosque, principalmente de hayas por un sendero muy bien trazado. Es un recorrido muy popular al formar parte de la conocida Senda de Camille. Destaco la extraordinaria frondosidad del entorno gracias a las copiosas lluvias de esta primavera (las fotos que se adjuntarán son un ejemplo evidente) y el barro, presente durante toda la jornada. En este primer tramo, Paco se llevó un pequeño susto por una inoportuna torcedura de pie que a la sazón no llegó a más gracias a una pomada milagrosa que José María llevaba en la mochila.

Terminada la zona de bosque salimos a otra más clara de pastos en donde ahí ya se pueden hacer las primeras fotos con vistas a los picos más emblemáticos de la zona: el Aspe, Llena del Bozo, Llena de la Garganta, el mismo Bisaurín… La progresión en esta zona se vio amenizada por un grupo de sarrios que coronaban el puerto de Estanés, y casi sin darnos cuenta divisamos ya nuestro destino, el Ibón. Esta gran balsa natural de agua es un espectáculo en sí mismo (nuevamente me remito a las fotos que se adjuntarán) y sentarse o incluso tumbarse cerca de la orilla, una delicia; lo de darse un chapuzón era ya tarea de superhéroes y meter siquiera los pies no apetecía demasiado pues el agua estaba para pocas bromas así que tras la sesión de “photo call” con el ibón detrás (de grupo, los chicos, las chicas, la parejita, el papá y el niño, individuales…), compartimos aquí un buen rato degustando no solo el humilde bocata que cada uno traíamos sino también el queso de Mezquita de Jarque que compartió José María, diversos embutidos y el buen vino que trajo Juan Antonio. Esperábamos la llegada de otros dos compañeros amigos del tándem Luisa-Paco que hacían el recorrido hasta el Ibón desde Ansó por Aguas Tuertas, pero venían con retraso y nos dijeron que se juntarían ya en Jaca por la tarde, así que emprendimos el camino de regreso hacia el parking.

Como no hay excursión a la que asista Paco que no aprendamos nada curioso o sorprendente, en esta ocasión tuvimos la suerte de conocer mientras regresábamos, qué es, por ejemplo, el percebe de montaña, el lóbulo de solifluxión o el caviar de rana (si alguien no lo sabe, que hubiera venido y si no, al Google…). Y así, entretenidos con las explicaciones de Paco y las fotos que de vez en cuando nos parábamos para hacer, llegamos a los coches. Un paseo que comenzaba a las 10:30h aprox. y terminábamos a las 15:00h.

Nuestra intención era tomar el café en Hotel Tobazo en Candanchú pero como estaba cerrado a cal y canto nos dirigimos al bar Universo en Canfranc donde estaban los compañeros de la excursión “cañera” que justo acababan de terminar de comer y con los que compartimos el ansiado café. Tras una larga sobremesa, sobre las 18:00 emprendimos el viaje de vuelta a Zaragoza satisfechos y con la sensación de haber pasado una corta pero bonita jornada de senderismo.